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CARLOS SUÁREZ

Carlos Suárez
Foto: Íñigo Plaza Cano, 2006

"Se rompen los huevos con cuidado y se separa la albúmina de la yema; ésta última véndese a los talleres de guantería y a las pastelerías. La albúmina líquida se bate después en copos dejándola reposar. Luego hay que dejar que fermente durante ocho o diez días, y en la estación fría hasta quince días; por el olor nauseabundo que despide puede calcularse el momento justo en que llegó su putrefacción a su justo límite. Antes de servirse se debe añadir cierta cantidad de cloruro alcalino."

Esto que antecede no es la receta de ningún postre maligno. Es simplemente una de las primeras fórmulas de emulsión fotográfica, utilizada en 1850. ¡Hasta 60.000 huevos por día utilizaba una sola de las más importante fábricas de papel fotográfico de Europa! Cincuenta años más tarde los hermanos Lumière basaron en granos de almidón de patata el primer procedimiento de fotografía en color.

¡Viva el huevo y la patata! Yo señores, soy su cocinero de imágenes y les propongo alguna de las mejores recetas que conozco.

Se impactan doscientos cincuenta gramos bien servidos de potente luz principal en dirección tres cuartos sobre Orson Welles. (El Orson Welles se puede encontrar en las mejores filmotecas). No importa que el portal en el que se oculta el personaje le sombree la mitad del rostro. Incluso es mejor. Medio kilo, en esto no hay que ser rácanos, más vale que sobre, de contraluz sobre unos adoquines húmedos detrás del personaje. Antes de consumir, inclínese la cámara quince grados a derecha o izquierda (esto queda al gusto del cliente). Y a disfrutarlo, en Praga a poder ser. El manjar, por si les pregunta el camarero, se llama "El tercer hombre" y la receta es del jefe de cocina australiano Robert Krasker.

Como lo anterior es plato único y denso, paso al postre, sencillo, etéreo y ligero.

Combínense sin mezclar, veinticinco gramos de delicada gelatina naranja Cézanne, otros veinticinco de suave gelatina magenta Urgell, diez gramos de violenta gelatina amarilla Hopper y unas gotas, no pasarse, de verde profundo Zuluoga. Con un dibujo airoso encima con la manga pastelera rellena de blanco Sorolla, tendremos un refrescante, y ácido a la vez, postre que llamaremos, si a ustedes les parece bien, "Les parapluies de Cherbourg", creación del chef Jean Rabier.

Señores, yo soy, a su servicio, su cocinero.